Reestructuraciones

post-4

Se dice que las crisis económicas y financieras barren cualquier sector de aquellas empresas débiles, rígidas y con poca capacidad de reacción y adaptación. Normalmente, aquellas empresas que mueren durante un período de desaceleración suelen presentar un elevado endeudamiento, una estructura sobredimensionada y una notable pérdida de negocio en el mercado. Sin embargo, la crisis económica derivada de la situación sanitaria provocada por la Covid-19 ha roto todos estos estereotipos.

En primer lugar, las empresas españolas llegaron al mes de febrero de 2020 con el endeudamiento más bajo de los últimos 15 años. La deuda del parque empresarial español a finales del 2019 se situaba a niveles similares a la del año 2005 y con una clara tendencia descendiente desde el ejercicio 2009. En segundo lugar, el Gobierno español, mediante la emisión de innumerables Reales Decretos, proporcionó notables ayudas a las empresas para reducir temporalmente su estructura de capital humano (facilitando los procesos de ERTE) así como de sus gastos generales (alquileres, suministros, etc.). Y en tercer lugar nos queda la pérdida de negocio en el mercado.

Esta es la parte que no tiene precedentes y a la que se enfrentan cada día la mayor parte de las empresas españolas. Ya no estamos hablando de una falta de competitividad, entrada de nuevos competidores o una pérdida de posicionamiento en el mercado, estamos hablando de que el mercado en sí está con unos niveles de actividad bajísimos y en algunos sectores, inexistente. En este sentido, en el 2020 el PIB español cayó un -10,8% respecto al 2019 (el más bajo de los últimos 14 años) y la previsión para 2021 es de un crecimiento, actualizado por el Banco Central europeo, de tan solo un 5,4% respecto el 2020. Para hacernos una idea de la caída de actividad, en el ejercicio 2009, con la anterior crisis financiera, el PIB español registró una caída de un -3,8%.

A todo ello, cabe añadir que la Covid-19 ha impuesto en nuestras vidas nuevos hábitos de consumo, de comunicación y de trabajo que hay que tener en cuenta en el análisis de los modelos de negocio de los diferentes sectores del mercado español. Así, ante este escenario, las empresas deben considerar en qué medida todos estos cambios sociales, sanitarios, laborales, económicos y empresariales afectan en su modelo de negocio tanto en cuantía como en concepto (sobre todo este segundo), y plantear así una reestructuración para transformarse y adaptarse a este nuevo paradigma antes desconocido.

Una reestructuración empresarial es el proceso mediante el que una empresa se transforma adaptándose a un nuevo modelo empresarial antes desconocido para ella. El objetivo de la reestructuración es garantizar el funcionamiento futuro mediante cambios en la gestión interna desde el punto de vista industrial, tecnológico, legal, laboral, financiero, de marketing y comercial. Sin embargo, cuando acometemos una reestructuración empresarial no significa que debamos cambiar todo. Es decir, pese a que una reestructuración hace referencia a grandes cambios, estos cambios pueden darse en puntos específicos que se consideran estratégicos para adoptar un nuevo modelo de negocio.

Las fases de una reestructuración son claras y lógicas, si bien la complejidad reside dentro de cada una de estas fases. Estas son:

  • Diagnóstico: es imprescindible conocer bien el problema. No podemos fallar el tiro por lo que es necesario un buen diagnóstico que evalúe los elementos externos y su impacto en el modelo de negocio. Además, se deberá desarrollar una relación de los puntos fuertes y débiles de la compañía, así como los medios para reforzar y corregirlos, respectivamente. Es importante que en esta fase se identifiquen métricas y sistemas de control que después de la reestructuración podamos evaluar y comparar para garantizar el éxito de la transición.
  • Ejecución: es la parte más difícil, así como la más larga de todas. Una vez identificados los problemas, es cuando se deben diseñar planes de acciones y coordinar la ejecución de estos. Este proceso es largo, pues es el momento de poner en práctica las estrategias seleccionadas para corregir la situación.
  • Evaluación: en esta fase es donde evaluamos nuevamente las métricas y sistemas de control para gestionar el cambio y controlar su evolución.

Por último, cabe destacar que un proceso de reestructuración conlleva tiempo y esfuerzo y además puede desgastar las relaciones humanas dentro de las organizaciones. No nos engañemos, el ser humano se acomoda y a nadie les gustan los cambios. Por ello, es positivo y refuerza al desarrollo si se cuenta con un equipo gestor externo que lidere la ejecución de los planes de acción y la transición de la organización al nuevo modelo. No obstante, este equipo gestor deberá contar con la involucración de un equipo interno de la compañía. Esta simbiosis permitirá ejecutar la reestructuración con un conocimiento interno y a la vez con una visión objetiva.

Finalmente, hay que comentar que un proceso de reestructuración no es sólo para las grandes empresas con muchos departamentos y grandes facturaciones. Las pequeñas y medianas empresas (de cualquier tamaño) también pueden, y deben, realizar planes de reestructuración para adaptarse al entorno. Hoy en día, las empresas flexibles que miren escuchen y se adapten al entorno, sufrirán menos en tiempos de crisis.

Autor: Enric Baixas Nogueras, socio fundador de EBaixas